lunes, 27 de enero de 2014

A mi amado Javier



A mi amado Javier


Niño dulce, joven alegre, 
coqueto, picaflor de sueños. 
Tu sonrisa despierta el paisaje sombrío. 
Tu cara de ángel, lozana como el rocío. 
Tus cabellos abundantes como hojas de laurel. 
Tu piel de durazno, tus ojos de miel, 
tu vientre de agua, tu voz de arrullo. 
Tu pecho cálido, abultado como suave esponja, 
tus brazos son alas y tus pies juguetones 
como delfines sobre las olas del mar.  

Tu alegría tuvo la fuerza de un ciclón, 
enfurecido y bravío nunca descansó. 
Tu vida se ocultó como la luna entre las nubes, 
tus brazos enredaderas, se cruzaron para siempre 
como el rosal en la tumba olvidada. 
Con un nudo en la garganta y un vacío en el pecho, 
mi sonrisa se apagó, mi vida se desvaneció, 
mi ilusión, entre gaviotas y flamencos, 
en el horizonte desapareció.  

Mágico nevado 
así es tu corazón,
 fuente de agua cristalina, 
radiante como el sol.  


Soltarte, dejarte ir, 
como se va el amor, 
como se va la vida  
en una despedida.